HomeBlogUno de esos femeninos personajes

En este mundo cada día más loco se cruza uno con muchas personas, y ayer mientras esperaba el transporte para ir a mi casa me topé con uno de esos personajes que me hacen pensar “caramba parece más mujer el que yo”, y lo digo a título personal porque aunque soy femenina, no soy de esas mujeres que andan todo el día impecables, con el pelo perfecto y las uñas como recién pintadas ( a las cuales por cierto admiro y me les quito el sombrero, cuando sea grande quiero ser como ustedes), pero volviendo al personaje que inspiro esta publicación, he aquí las comparaciones que me hicieron pensar que su femineidad era mayor a la mía (al menos en ese momento):

Cabello
El suyo: teñido de rubio, corto pero perfectamente moldeado (supongo que con gel).

El mío: recogido con un “tómate” y con muchos pelitos parados por aquí y por allá (el frizz y todo eso, ustedes saben).

Rostro
El suyo: como foto de revista que vende productos de belleza, cara recién empolvada y las cejas sacadas y pintadas, precisamente noté su presencia porque me llamó la atención la gracia y el esmero con el cual revisaba que sus cejas estuvieran en perfecto estado.

El mío: como el una persona después de un día de trabajo, literalmente!, pues volvía a mi casa después del trabajo, esto se traduce a un cutis sin una gota de maquillaje y con una mezcla de restos de protector solar y ese aceite natural que producimos las personas con cutis grasoso.

Andar
El suyo: cual modelo de pasarela en Paris, New York o el más reciente fashion show de Victoria Secret, su caderas se movían de un lado a otro y su piernas parecían elongarse con cada paso y lo mejor el era consiente que su forma de caminar atraía las mirada de más uno , por curiosidad, sorpresa, repudio, quien sabe, pero lo cierto es que el lo disfrutaba porque precisamente ese era su objetivo, que todos lo admiraran.

El mío: pues normal, normal, primero se mueve una pierna, luego se mandan las instrucciones al cerebro para que se mueva la otra y así se repite muchas veces.

Al final llegamos a nuestro destino, el cual nuevamente por esas casualidades del destino era el mismo y cada quien siguió su camino, el en su mundo y yo en el mío, que ahora estaba produciendo estos pensamientos que usted acaba de leer.

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