HomeBlogI saw your face in a crowded place…

Era un lunes común y silvestre excepto porque decidí ir al gimnasio después de evitarlo por mucho tiempo, puesto que generalmente en este día de la semana esta atestado de pecadores arrepentidos por lo que comieron durante el fin de semana ó de personas a las cuales por fin les llegó el día de empezar una vida activa, saludable, ¡fitness!, ( el primer día que fuí al gimnasio era miércoles, así que no caigo en esta categoría y mucho menos en la que se arrepiente de lo que come 😛 ) ambos casos son respetables y válidos, después de todo se paga una mensualidad que permite el uso de las instalaciones y recursos de dicho centro de acondicionamiento físico cualquier día de la semana según lo establezca el horario del mismo, pero eso no disminuye la incomodidad que genera la hacinamiento típico de los lunes.

Un poco agobiada por la muchedumbre acaparadora de máquinas y pesas, decidí acortar el número de series y repeticiones de mi rutina e irme más temprano y así a la vuelta de unos minutos ya estaba abordando uno de los vehículos del sistema de transporte que cotidianamente me lleva a casa, me dirigí a la última banca como de costumbre. En la silla inmediatamente adelante se encontraba un muchacho el cual me miró al pasar, me pareció una actitud normal, bueno no es la primera vez que un hombre mira a una mujer que pasa por su lado, hasta este momento todo seguía el curso de la rutina y para continuarlo saqué mi celular para revisar las notificaciones y novedades de la redes sociales, y estaba absorta en la divagación propia de esta actividad hasta que por inercia levanté la vista y noté que el sujeto de la silla de adelante se giraba a mirarme, nuevamente lo pasé por alto pero las miradas continuaron.

El bus hace una parada para recoger pasajeros y mientras las personas abordan, el personaje que he venido mencionado se levanta y se sienta a mi lado, pensé lo que creo que pensaría cualquier persona normal, y que en dialecto quillero es algo como: ¡juemadre este man me va atracar!

Y durante unas fracciones de segundos me hice muchos planteamientos:
– ¡Dios mío! ¿este que viene hacer acá?
– ¿Será que guardo el celular ? No, no tiene sentido, ya lo vió,  ¡ya pa’ que!
– Bueno será entregarlo, igual ya esta viejito y he venido pensando en cambiarlo.
– Caramba no creo que me vaya hacer algo con toda gente que se acaba de subir.
– ¿Y si tiene una navaja o algo y me dice que no haga nada raro?
– Que no cunda el pánico, actúa normal ¡caray niña deja de prejuzgar a la gente!

Inevitablemente me revolví en mi puesto tratando de acomodarme mientras mi vista periférica trabajaba como nunca en busca de alguna arma y analizando al sospecho de aproximadamente  17 o 20 años, cabello rizado, con algunas marcas de acné en rostro y el cual una vez más me miró y hasta ¡sonrió! a la par que saludaba a una persona de las que subió,  ese acto me tranquilizó un poco y le baje más la paranoia porque en ese momento el susodicho sacó su celular para escribir una nota, como dije antes, lo estaba vigilando de reojo. Para calmar mi inquietud yo hice lo propio abriendo el whatsapp y escribiendo cualquier tontería a la última persona con la que intercambié mensajes y acto seguido guardé el celular.

Estaba analizando el ambiente, mirando aquí y allá sin centrarme en nada particular cuando repentinamente mi inquietante compañero de asiento me toca el hombro y al girarme me indica tímidamente  que lea la nota escrita en el celular. Nuevamente por unas fracciones de segundos pensé muchas cosas:
– ¡Ay Dios mio! Sí, este man me va hacer algo.
– ¿Será que me esta pidiendo que le entregue el celular sin levantar sospechas?

Por fin salí de mis maquinaciones y leí el mensaje que decía:

Hola nena, me gustas mucho…

y me gustaría conocerte

Mi reacción fue sonreír y decir: ¡Oh caramba! gracias.
Pensé que con mi parca respuesta eso sería todo, pero no, este sujeto sorprendentemente valiente se volvió una vez más hacia mi, extendió la mano con el ademán de saludo, dijo su nombre y me pregunto como me llamaba, correspondí el saludo y sin vacilaciones dije: Susana (el nombre que siempre uso en ocasiones como esta), noté que su mano estaba fría (¡ay, ve! que pecadito). Me responde: hola, mucho gusto y en busca de armar una conversación me pregunta si me asuste cuando cambió de puesto, le digo que honestamente si me asusto y me giro.

Segundos más tarde el exvillano y ahora admirador ocasional me aborda para preguntarme que estudio, mis pensamientos esta vez no son de temor sino más bien ternura y reflexión:
– Ay ‘ombe, cree que soy un muchachita que aún va a la universidad.
– Por Dios, es un niño.
– ¿Tan joven me veo? ¿Eso es bueno o es malo?

Salgo de mis cavilaciones y respondo esta vez con la verdad, no estudio nada y hace muchos años que terminé la universidad, mi interlocutor asiente, como reflexionando lo que acabo de decir y no responde nada.

El siguiente acto del cristiano si que me asombró, saca nuevamente su celular, escribe algo y dice: ¿Tienes whatsapp? Por que no me das tu número, esto mientras señala el celular, el cual esta en modo teclado numérico y tiene en pantalla los números 301. Sorprendida, no se si por el atrevimiento o por la confianza que se tiene este muchacho, sílo respondo: no, yo no te voy a dar mi número, no tengo por que hacerlo, hace una mueca de lamento.  ¿Que tal este muchacho ?

El bus en el cual nos movilizamos se detiene unas paradas antes de su destino final, todo indica que debemos bajarnos allí y hacer el cambio de bus en esa estación y no en la habitual, algunos dudamos pues estamos lejos del conductor y no sabemos que es lo que esta indicando, finalmente decido bajarme y al salir miro a mi peculiar compañero de viaje,  quien tiene una expresión de desilusión y añoranza.

Salgo, cruzo la calle, ingreso a la estación y casi milagrosamente en esos momentos llega la ruta de mi transbordo, miro a todos lados para ver si perdí al incansable sujeto, efectivamente así es, entro sintiendo un poco de alivio, pienso: “Ok, eso si que estuvo raro” al tiempo que me acuerdo de la canción You’re Beautiful de James Blunt.

You’re beautiful, You’re beautiful,
You’re beautiful, it’s true.
I saw your face in a crowded place,
And I don’t know what to do…
‘Cause I’ll never be with you.

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